Vitto, el gato tarotista

Artista: Lisa Parker

Conocí a Vitto por primera vez en 2022, cuando su tutora se comunicó conmigo después de que Vitto empezara a manifestar agresividad hacia otro gato. Nada nuevo bajo el sol en un hogar multigato y multiespecie, donde el «culpable» resultó ser otro de los 4 gatos con los que convivía Vitto, a quien nadie le había enseñado que aunque pongas «cara de gato con botas», si vas por la vida mordiendo a otros como un tigre dientes de sable, al otro tarde o temprano le llega una señal de dolor al cerebro y OBVIO que se va a enojar con vos, pero esa es otra historia.

Vitto tenía algunos temitas de salud crónicos, así que fui varias veces a darle reiki en forma presencial. Desde el primer momento fue evidente que este gato era un personaje. Digamos que cuando el Creador hizo a Vitto, donde tenía pensado poner solo una pizca de gatunalidad y descaro, se le fue la mano y terminó echando todo el frasco. Vitto se hacía notar cuando entraba, era como si dijera: «Aquí estoy yo, gran señor de los gatos, ¡la reencarnación de la mismísima Bast! Admírenme, plebeyos». Eso sí, desde su pedestal, Vitto pedía mimos y comida y reclamaba ser el centro de atención como una diva, pero no compartía aún sus secretos. Pues claro, ¡si yo también era de la plebe! Debía ganarme la confianza de su majestad. Y después de varias sesiones de reiki, Vitto finalmente se dignó a contarme algunas cosas, como por ejemplo, señalar como culpable al gato «dientes de sable» con el que convivía, y el colmo del descaro felino: se quejó del olor del perro.

No es ningún secreto que AMO las cartas de tarot y de oráculos, así que siempre llevo algunos mazos conmigo incluso cuando doy una sesión presencial. Me gusta cerrar las sesiones con un mensaje de las cartas para los tutores. O incluso alguna carta como mensaje final de sus gatos. Aquel día en el que Vitto ya había tomado confianza y estaba sacando todos los trapitos al sol, justo había llevado el Tarot de los Gatos Paganos, mi mazo favorito para hacer lecturas sobre animales. Cuando coloqué las cartas sobre el sofá, Vitto estiró su patita y tocó una carta como diciendo: «Esta». Ya me había advertido su tutora que tuviera cuidado porque era bastante rápido y un poco bruto con las patitas, así que saqué la carta con mucho cuidado para que no la destrozara con sus garritas. Esta es la carta….

Le mostré la carta a la tutora y le pregunté si algo de la imagen le llamaba la atención en particular, algún objeto. Y me dijo: «Sí, la pecera. Hace unos días estuvimos hablando de poner un acuario en casa». Vitto había escuchado a sus tutores y le pareció una excelente idea. Aunque no tanto para los peces….

Dos años después volví a encontrarme con Vitto. Como suele suceder, había cuestiones humanas que habían empezado a afectar a los gatos, y Vitto en particular las estaba denunciando con algunos síntomas, todos ellos apuntaban claramente a un conflicto muy puntual del esposo de la consultante. Ella me decía que era imposible explicarle a él «estas cosas», entonces se me ocurrió sugerirle que lo hiciera de forma metafórica. Que cuando hablara con él, le explicara que el hogar es como un ecosistema, como una laguna. ¿Qué pasa si alguien viene y arroja una piedra al agua? Esa piedra va a crear vibraciones en el agua que van a sentir seguramente todos los habitantes de la laguna, y que vamos a ver claramente como ondas en la superficie. De la misma forma, cada «piedra» que traemos encima, causa un efecto en los seres con los que convivimos, al igual que las ondas en la laguna. Después de una reveladora charla con la consultante y de una relajante sesión de reiki con Vitto, llegaba la hora de hacer el cierre y sacar una carta. Ya conociéndolo a Vitto y su gusto por elegir él mismo las cartas, coloqué las cartas como abanico delante de él y esperé a ver cuál elegía. En cuestión de milisegundos, Vitto se ensañó con la carta que estaba en el extremo izquierdo. Le pegó varias veces con la patita, ¡pero con todas las ganas, con todas sus fuerzas! Tuvimos que decirle «¡OK OK! ¡Ya entendimos que es esa! ¡Podes soltarla!» Y entonces tomé la carta y la di vuelta….

Comencé a mirarla y me dije a ver… es la carta de La Estrella, es de noche, hay un gato negro estirándose feliz, hay velas…. y ¡AAAAH! ¡LAS ONDAS EN LA LAGUNA! Decir que casi me da un patatús es poco. Increíble. Vitto nos había sorprendido nuevamente, es como si hubiera dicho: «Escuché todo lo que dijiste y sí, es así».

Así que ya saben, no es un arquetipo, el gato tarotista vive entre nosotros, como un porteño más. Cuando alguien te diga «es solo un gato», cuéntale la historia de Vitto.

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