
Si eres tutora o tutor de un michi o de otros animales, seguramente su bienestar encabeza tus prioridades. Parte de garantizar el bienestar de nuestros peludos es saber elegir con consciencia un tratamiento veterinario para tus animales cuando se presenta un desequilibrio físico o emocional.
400 años antes de Cristo, Hipócrates estudió plantas medicinales y descubrió que algunas plantas producían cuadros de fiebre, vómitos, diarrea, etc. similares a las enfermedades, y a estas plantas las denominó homeopáticas (“similares a la enfermedad”), mientras observó que otras plantas actuaban suprimiendo los síntomas de determinadas enfermedades, y a este grupo lo llamó plantas alopáticas (“contrarias a la enfermedad”). Como era lógico, la medicina de aquella época tomó y desarrolló el conocimiento sobre las plantas alopáticas, y desechó las homeopáticas. Con el tiempo, así se construyó un modelo de tratamiento, que es el que predomina hoy: la alopatía.
La humanidad debió esperar hasta mediados de los años 1700, cuando el Dr. Samuel Hahnemann, padre de la homeopatía, se topó con un tratado de medicina donde leyó que “la quina cura la malaria por sus principios amargos”, y al dudar de esa afirmación decidió investigar el tema. Se preguntó: “Si hay muchas sustancias que poseen principios amargos,¿ por qué no todas curan la malaria entonces?” Hahnemann experimenta él mismo con la quina y descubre que le provoca síntomas similares a un cuadro de malaria (sudoración, fiebre) y se pregunta entonces si no será que la quina cura la malaria POR LA SIMILITUD de los síntomas que provoca? Se aboca entonces a revisar el trabajo de Hipócrates y finalmente enuncia el que es hoy el principio fundamantal de la homeopatía: La curación solo es posible con una sustancia que cause en el receptor los mismos síntomas de la enfermedad.
Mientras que la alopatía ve a la enfermedad y sus síntomas como un enemigo a erradicar (piénsalo…las farmacias están llenas de ANTI esto, ANTI aquello, inhibidores de lo que se te ocurra), la homeopatía ve a la enfermedad como la RESPUESTA de los mecanismos de defensa del organismo a determinados factores hostiles.
Una vez que llegas a este punto, puedes tomar dos caminos: El camino de la alopatía te lleva en contra de los mecanismos del organismo y suprime el síntoma, lo enmascara, simulando un estado de salud. Con esto no quiero decir que a veces no sea necesaria la alopatía, pero es necesario saber que la consecuencia será un nuevo intento del organismo de volver al equilibrio, y que ese síntoma que se suprimió en un lado se va a expresar en otro. Porque al fin de cuentas, no se solucionó el problema de base que originó ese síntoma. Lo único que hicimos fue «matar al mensajero».
Por otro lado, el camino de la homeopatía te lleva en el mismo sentido que nos marca la sabiduría del cuerpo a través de sus síntomas, estimulando y ayudando para que el organismo termine su proceso natural y pueda volver a su equilibrio.
Además de la formación holística que ya tengo como reikista y terapeuta floral, me estoy formando ahora como consultora homeopática, y me pareció valioso compartirte esta información. A mí me resultó fascinante el mundo de la homeopatía, y espero poder despertar en ti aunque sea un poco de curiosidad sobre el tema, para que puedas decidir con consciencia con qué tipo de medicamentos acompañar a tu michi (y a ti misma o ti mismo) cuando lo necesites. Ahora puedes elegir con consciencia un veterinario alópata, homeópata o integrativo para tu gato.
Ante cualquier problema, recuerda consultar siempre primero a tu veterinario de confianza antes de recurrir a terapias complementarias. Los terapeutas holísticos de animales podemos acompañar mejor el proceso de sanación de un animal cuando contamos con un diagnóstico.
